Cita con la muerte

El siguiente es un cuento que escribí hace mucho, mucho tiempo, y que leyendo otras cosas por ahí, se me vino a la memoria…

Así pues, aquí se los dejo a continuación.

El cuarto deslumbrante rodeaba a la existencia. La luz entraba débilmente por la deshecha ventana, y un rocío caliente penetraba por la entrada.

3: 45 PM. Un cuarto para las cuatro. José estaba tranquilo. Parecía que meditaba, pero más bien pensaba. Estaba solo. La habitación era pequeña, pero confortable. En una esquina había una mesita de noche; encima de ella, una candela y una caja de fósforos. La candela era el único Sol en la habitación. A la par de ésta, un catre sin colchón, sin sábanas, una almohada y un cuaderno negro.
José estaba atento, miraba la lámina de zinc que servía como puerta y observaba con el pensamiento el cuaderno negro.

José era serio, muy introvertido, no era nada sociable, aún así intentara serlo. Días atrás había leído el cuaderno negro. Lo había escrito él sin entenderlo nunca. Terminado lo que había escrito, pudo comprenderlo. Dudas vivían en él, el por qué, el cómo de lo que había hecho. Un conjuro le había creado y ahora no entendía el resultado.

5: 34 PM. Poniente eterno. José se ha levantado. Luego de casi tres horas de pensar, ha decidido su cercano futuro. Se acerca a la mesita de noche, abre la gaveta sin manigueta: en ella se encuentra una pluma gastada, un cartucho de tinta y una hojilla de gillete sarrosa, oxidada por el tiempo. Ha sacado el cartucho, ha llenado la pluma y se acerca al cuaderno negro. Abierto éste en la última página, José ha colocado la pluma en la hoja, pero no puede escribir, no sabe cómo hacer lo que había hecho.
Ha guardado la pluma y el cartucho y saca la gillete.

6: 00 PM. ¾ de día. He entrado al cuarto. José no se percata de mi presencia sino hasta después del silencio. Existe un pequeño charco rojo quemado, y hay un cuerpo desangrado.

6: 20 PM. Después de esperar yo un tiempo, el cuerpo se ha levantado y se ha sentado frente a mí. Al fin sabe que estoy ahí. La plática ha comenzado: el me ha mirado, estoy orgulloso: he triunfado. El silencio es el tema abordado. José me ha dicho: – Bienvenido -. Yo sólo he reído. Pienso que él no sabe lo que hace.
– ¿Por qué estás aquí? – me preguntó.
– Yo no estoy, tú estás.
– ¿Por qué el mismo lugar?
– Tu has estado siempre en mi lugar.
– Pensé que sería distinto.
– Es distinto.
– No comprendo.
– Aquí o allá, siempre es igual; nada cambia. El que cambia eres tú.
– ¿Cómo puedo cambiar yo?
– Tu no puedes, tu debes.
– ¿Cómo debo cambiar yo?
– Todavía no sabes mucho. Eso es lo que debes entender antes de efectuar lo que hiciste.
– ¡Quiero saber!
– Ya deberías saber. Vuelve y cuando entiendas, llámame.

La realidad se hace presente. José está confuso, escucha un timbre anormal: un teléfono a la par. El mismo charco, ahora convertido en otro líquido. José está vestido diferente. Sobre su mano se posa un Presidente, llamado Brandy. La resaca se percibe hasta en el alma.

6: 47 AM. Mismo cuarto, distinto escenario. Mismo ser, distinto placer. Mismo mundo,  distinta vida.

Yo, por lo tanto, me despido esperando: La Muerte.

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3 thoughts on “Cita con la muerte

  1. Interesante el escrito, no conozco una muerte tan seria, sino una muerte comediante, en cambio, la vida es una perra…
    Me gusto…

  2. jajajajajajaja……
    Sarcasmo a tu misma pregunta
    ¡Quiero saber!
    – Ya deberías saber. Vuelve y cuando entiendas, llámame

    jaja casualidad…
    ahora curiosidad: a que edad escribiste esto?

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