Carta a la vida

Permítame explicarle, señorita
que mi alma está maldita,
que no me puedo permitir
en lo divino existir.

Que no es bandida
pues medita,
sino que en esencia
no existe su presencia.

Que es elixir de la duda
y es por eso que perdura.
Que no encuentra, sino busca
y por eso es que es muy brusca.

Que no está en paz ni en guerra
pues a eso no se aferra.
Y que en la soledad, prisionera,
espera, a ver si algún día se libera.

Me despido eternamente
de usted que es profeta.
Se despide, atentamente,
el alma de un poeta.

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